Consciencia y feminismo

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Es evidente que lo que estamos viviendo actualmente nos está invitando casi obligadamente a hacer una reflexión cada una desde el lugar que le toca en el mundo. Es evidentetambién, que algunos lugares son mucho más acogedores y cómodos que otros. 

El feminismo es una filosofía de vida que también está adaptándose y uniéndose a esa reflexión, acompañando a un nivel de consciencia más profundo y desde ese lugar está claro que la conexión que debemos asumir como humanidad con la naturaleza y nuestro entorno es urgente y necesaria; si queremos avanzar, debemos dejarnos de teorías conspiranoicas y abordar verdaderamente la raíz de lo que se nos está viniendo encima. Aquí va tomando más y más fuerza el ecofeminismo, corriente que no es nueva, las primeras teorías ecofeministas proceden de un análisis de los dualismos mujer/hombre y naturaleza/cultura. De esto nos habló Mary Daly en su libro GynEcology escrito en 1978, donde se analiza el simbolismo a través del cual el patriarcado consigue el dominio sobre las mujeres y sobre la naturaleza, procediendo a la negación de los valores de las mujeres y a la alineación del colectivo femenino. La contaminación producida por los mitos legitima la contaminación material del planeta. 

También otras ecofeministas, como la australiana Ariel Kay Salleh, afirma que las mujeres, por la experiencia de la menstruación, el embarazo, el parto y el amamantamiento, poseen una consciencia de proximidad con la naturaleza mayor que los hombres, en esta opinión debo decir que ya se ven ganas por parte de muchos hombres de conectar con todo eso que también poseen y han reprimido. 

Este planteamiento ecofeministas cada vez va creciendo y la pandemia está acelerando ese proceso, ya desde Oriente, Vandana Shiva nos habló de una conexión entre el colonialismo y la progresiva explotación de la Madre Tierra. En efecto, los métodos científicos de producción para el mercado han sido introducidos a través de créditos y programas de ayudas dirigidos al cabeza de familia. Despreciando los conocimientos de las mujeres, los “expertos” occidentales aconsejaron suplantar las especies autóctonas, consideradas sin valor comercial, por otras, por ejemplo, eucaliptus, que en poco tiempo produjeron la desertización. Los créditos sirvieron para comprar semillas manipuladas genéticamente y en esa rueda de codicia, y una profunda falta de respeto a nuestro hogar, llegamos a donde llegamos. 

Creo que va siendo hora de que mujeres y hombres cooperen por igual, somos parte integrante de la naturaleza y la cultura, los abusos en todos los sentidos tienen consecuencias enormes. Esta pandemia nos generará tal vez la oportunidad de comprender que todos los movimientos deben abrazar a la ecología y al feminismo. La mujer creadora y sabia debe ser escuchada con mucha atención.  

 

Reflexiones desde mi ser. Rosario Badón.

Fotografía: Beberly Ash Gilbert

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