Divagaciones anárquicas

En este momento estás viendo Divagaciones anárquicas

Hay palabras inseparables de situaciones de desigualdad…

La maldita seducción, el baile del cortejo, la posesión, la presa, la caza, el miedo, inseguridad, la preferencia, el poder, la fuerza bruta, la insensibilidad, la sobreprotección…

Es la caza de la corza, humanos como ciervos en este bosque espeso, intrincado, amenazante.

Cada situación tiene su palabra, sus palabras.

Ando sola por sitios solitarios… el miedo.

Busco mi coche en un aparcamiento subterráneo y oscuro… el miedo también.

Camino sola por la noche… el miedo enorme, la fuerza bruta.

Me siento sola en una terraza, me miran… inseguridad.

Él tiene que dormir la siesta, yo no… la preferencia y el poder.

¿Te podrías llevar este niño de aquí…? La preferencia y el poder de nuevo.

Callarme un “tío bueno” y más… el baile del cortejo.

Dejarme halagar por mi físico… la caza comienza.

Voy con mi hija por la calle y se la comen con los ojos sin pudor, me acuerdo de todas sus madres para mal… la caza, el acoso de la presa.

Bajo los ojos ante una mirada directa… inseguridad, la posesión de mi territorio.

Dejarme querer y dejarme invitar, antes de hacerlo yo… el baile del cortejo y la maldita seducción.

Aceptar “pasa tú primero” con cara de encantador de serpientes… el poder, la sobreprotección.

Aceptar una silla cuando no hay suficientes, “no faltaría más”, y no estoy ni coja ni embarazada, ni agotada… la preferencia negativa y el poder de decidir sobre mis fuerzas.

“Déjame a mí, a ese le parto la cara”, yo también sé partir, sobre todo tartas… el poder y la fuerza bruta.

Reunión de vecinos, casi todo o todo hombres -al parecer la mitad del mundo no tiene propiedad privada- ¿te lo imaginas?, miraditas complacientes como poco. Ante tus argumentos, pregunta, “¿eres abogada?”, no, solo soy persona pensante “so gilipollas” (esto me lo callo…) de nuevo el poder.

“Serás capaz de dejar que tu hermano recoja los platos…” la preferencia negativa y el poder de nuevo.

“¿Que prefieres bonito, la patita o la pechuga?” A mí nadie me pregunta primero… haciendo cachorritos del poder y la preferencia otra vez.

“A tu jefe le gustas”, dice otro hombre, “que gracioso”… la posesión, la presa, el miedo, inseguridad, el poder.

A mi hija le regalo flores, a mi hijo otra cosa… la preferencia.

Tú un torpe, tú un inútil, tú un avasallador ¿yo frígida?, me retuerzo de risa… la fuerza bruta y la insensibilidad.

Me ayudas a quitarme el abrigo a pesar de que sé cómo hacerlo y de que no tengo ningún problema en los brazos… la sobreprotección.

Me pongo nerviosa con la cercanía y hago gestos automáticos e inconscientes que me delatan… la maldita seducción y el baile del cortejo.

Rehúyo hablar con un desconocido por la calle si me aborda… inseguridad, el miedo, la caza.

Yo sé conducir perfectamente, pero a él le encanta… la preferencia negativa.

Y así, una lista interminable de situaciones cotidianas en las que se pueden asociar todas las palabras que delatan una discriminación subterránea.

Soy mayor y ya casi nada de lo anterior me asusta.

Ya no soy presa, seducción poca, ya no hay baile ni soy pieza cinegética.

Y me he preguntado… ¿hay presa, hay posesión, hay caza dentro del mismo sexo?

Seducción seguro que hay y baile también.

En los animales precede a la cópula con fines reproductivos, ¿entonces…?

La química orgánica siempre funciona igual, ¿entonces…?

No entiende de X ni de Y, somos presas del estímulo sensorial que desencadena esa química.

Yo tampoco entiendo nada… pero el cerebro rige, debe regir, debe hablar con un mismo lenguaje y el lenguaje se aprende, por imitación.

Sólo sé que soy mujer y represión es la palabra que más me cuadra en las relaciones con los hombres.

Los ciervos, una vez realizada su función, se fueron a comprar tabaco y nunca más volvieron.

Mujeres, madres, niñas, niños, solos.

Por fortuna, y en realidad sólo soy una persona.

Madora.

Deja una respuesta