El miedo a nuestras tetas sí tiene fronteras

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La infanta Cristina se separa, Rafael Nadal gana el último Open de Australia y una tal Chanel gana el concurso que la proclama representante del popular Festival de Eurovisión de esta nuestra España más casposa y antidemocrática en la que cinco jueces se imponen al deseo popular.

Hoy la pandemia ha pasado a segundo plano. Y la amenaza de una posible guerra en la vieja Europa alimentada por los carroñeros intereses de los de siempre, carece de más importancia que hace un par de días.

Lo que ha ocurrido ayer sábado noche es una pequeña pero significante muestra más de que no importa el trabajo duro de una mujer que ensalza el empoderamiento y feminismo y nos da voz realzando el atributo femenino sobre el que se sustenta la humanidad.

No importa que tres mujeres empoderadas, amantes de las tradiciones de su tierra, orgullosas de sus raíces, rompan los tabúes de este país en el que parece que ensalzar y adorar la multiculturalidad y plurinacionalidad está mal visto, señalado y juzgado.

Lo que ocurrió ayer es lo de siempre. Que la oligarquía, el patriarcado, la cosificación del cuerpo de la mujer y una letra tan absurda y denigrante que no llego a comprender, nos advierten, nos frenan, que no, que no puede ser que la dignidad y la valía de la mujer sea abanderada, aceptada e icono de libertad.

Lo que ocurrió ayer es lo de siempre.

La teta de Rigoberta da miedo porque nos libera.

Las no fronteras de Tanxungeiras dan miedo porque nos liberan.

 

Suerte y salud para todas y todos.

 

Ada Fuentes.

 

  • Fotografía: «La libertad guiando al pueblo»
  • Autor: Eugène Delacroix

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