“Paliza tras paliza.” Homenaje a Ana Orantes.

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Hace veinticuatro años, el 17 de diciembre de 1997, Ana Orantes era brutalmente asesinada a manos del hombre que un día fue su marido.

Trece días antes, y un año después de la sentencia de divorcio, Ana, le contaba al mundo cómo había sido su vida los últimos cuarenta años.

Una vida desgraciada, desdichada. Una vida marcada por la violencia, la humillación, el miedo, la desesperación…. Una vida que no puedo ni imaginar. Mi conocimiento lingüístico se queda corto para describirla.

El causante, ese hombre del que pensó que le había fracturado el cráneo la primera vez que le pegó. Ese que encontraba siempre una buena excusa para vejarla. A ella. A sus hijos e hijas.

Cualquiera puede encontrar y contrastar esta información en múltiples medios de comunicación que hacen referencia a este caso.

No quiero detenerme en las atrocidades por ti descritas la primera vez que te escuché. En multitud de ocasiones a lo largo de mi vida he vuelto a visualizar tu testimonio, trasmitido en la televisión pública andaluza; testimonio que me ha marcado para siempre.

A principios de este año realicé unos ejercicios de autoconocimiento y meditación.

En uno de ellos, se nos pedía que hiciéramos un listado de las personas más influyentes, relevantes, de nuestras vidas. No tuve ni tengo ninguna duda de que tú, Ana, eres una de ellas.

No te conocí.

Sin duda me hubiera gustado hacerlo. Abrazarte. Llorar. Llorarte. Llorar contigo.

El vicepresidente primero del entonces gobierno conservador, Francisco Álvarez-Cascos, describió estos hechos como “un caso aislado, obra de un excéntrico”.

Sin embargo, a pesar de no ser la primera mujer en denunciar públicamente hechos de evidente maltrato, a pesar de no ser la primera mujer asesinada a manos de su pareja o ex pareja, el caso de Ana Orantes sembró la semilla en la sociedad española que desde asociaciones y movimientos sociales se fue regando hasta florecer años después gracias también al cambio de gobierno de 2004, con de José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza, en forma de una de las leyes contra la violencia de género más avanzadas en aquel momento.

En otras ocasiones, desde Artefem, hemos manifestado que las actuales acciones legales y sociales a nivel global contra esta lacra, contra la pandemia más larga de la historia de la humanidad, la violencia contra las mujeres y la desigualdad entre mujeres y hombres, en la que se sustentan el resto de las desigualdades, según nuestra admirada filósofa Ana de Miguel, se nos quedan cortas.

Pero este no es el tema que nos ocupa hoy.

El tema que nos ocupa eres tú. Ana. Desde tu asesinato tu nombre ha cambiado de rostro en miles de ocasiones, el de tus hijos e hijas, víctimas también, se han multiplicado exponencialmente.

Tú eres ellas.

Tú eres nosotras.

Pero vosotras y tú estáis muertas. Asesinadas.

Y quiero escribir estas palabras para ti. Porque te admiro. Porque te respeto. Porque me hubiera gustado ayudarte, consolarte.

He visto fotografías tuyas. Tu sonrisa me encandila y en tus ojos leo coraje y valentía.

Te pienso mucho.

Y te agradezco la contribución de poner voz a tu historia. De hacerla pública. Tocaste mi conciencia y me cambiaste la vida.

Gracias Ana Orantes.

 

Ada Fuentes.

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