Reflexión sobre la carga mental de la mujer

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Reflexión sobre la carga mental de la mujer tras leer este artículo.

( https://blogs.publico.es/barbijaputa/2020/04/22/la-carga-mental/ )

Basándome en mis vivencias creo que hay varias vías por las que nos llega la carga mental a nuestra vida.

Puede ser desde pequeñas por la actitud del padre, sobre todo en mujeres de mi generación que hemos tenido a menudo padres que no eran conscientes de que además de trabajar, los hijos e hijas necesitábamos también de su cariño, y en muchos casos como el mío delegaban en las madres, con la consiguiente carga mental para nuestras madres en lo que atañe al afecto y empatía hacia los hijos e hijas, y en general a todo lo relacionado con cuidados y atenciones hacia los demás y en la familia en particular, y asumiendo de esa manera desde pequeñas el rol que vimos en nuestras madres..

También hoy en día existe esa actitud del padre que separa emociones y afecto de los temas más «prácticos» familiares, pero cada vez menos debido a la madurez emocional que van desarrollando los hombres, y a que ellos mismos actualmente valoran más la vida familiar que antes, cuando su autoexigencia se limitaba a trabajar para alimentar a la familia.

La carga mental también en el trabajo, por supuesto, las mujeres asumimos la carga mental porque los hombres son los que ocupan casi todos los puestos de poder, así que una cosa es la responsabilidad que suelen tenerla los hombres y ellos son los que toman las decisiones, y otra cosa es la carga mental. Las mujeres hemos sido y seguimos siendo excelentes secretarias, somos la mano derecha del director, la persona de confianza del jefe, papeles secundarios excelentes, porque somos las que estamos más interesadas en que todo salga bien, es lo que se nos pide, cargamos con ese trabajo de organización y control, y nos han acostumbrado a conformarnos con eso, sin pedir ascensos, sin pedir valoración. A pesar de todo eso se nos juzga duramente, siempre está ahí el ojo misógino que todo lo ve insuficiente, incompleto, mal. En la mayoría de los casos son esfuerzos nunca reconocidos y trabajos usurpados a mujeres brillantes a las que se ha mantenido en la sombra.

El reparto de tareas no es igualitario entre parejas que trabajan en casa, casi nunca es al 50% debido precisamente a la carga mental, a la que yo llamaría autocarga mental. Yo creo que hemos aprendido a ser exigentes con nosotras mismas debido al juicio al que estamos sometidas constantemente, y esta autocarga mental aumenta cuando formamos una familia, es decir cuando llegan las responsabilidades de verdad en la vida, los hijos sobre todo. Por la presión social a la que se nos somete a las mujeres nos autoexigimos que todo salga bien, la pareja tiene que ir bien, los hijos tienen que criarse bien y ser buenos hijos y así todo. Al principio nos encontramos con ese mundo de responsabilidades y nos parece una carga, pero luego lo vamos haciendo cada vez más inconsciente como carga, porque es lo que se nos pide, es el modelo social en el que tenemos que encajar gracias a la presión de la sociedad patriarcal, hasta que llegamos a hacerla nuestra y se instaura en nuestras mentes definitivamente la carga mental.

Poco a poco las mujeres hemos ido tomando conciencia de cómo son nuestras vidas y de que tenemos que ser racionales y de que -queremos querernos-, y aprendemos a delegar, aunque nos cuesta porque es como una renuncia, una pérdida, tal vez una pérdida de poder, que en realidad es un falso poder, un pobre poder. Asumimos muchas responsabilidades, mucha organización, pero nos cuesta delegar porque pensamos que nuestra pareja hombre lo va a hacer mal, acostumbradas como estamos a hacerlo nosotras a nuestra manera, con esa autoexigencia nuestra. Pero es un error, los hombres saben hacerlo, si lo hacen mal es porque no tienen el mismo interés que nosotras,

porque no tienen la presión social, porque no es lo que se les pide, porque no hay autoexigencia en ellos dentro ese ámbito familiar, y porque no existe ese ojo crítico que les va a juzgar duramente, así que no tenemos excusa para renunciar y liberarnos de la -carga mental/falso poder-, simplemente hay que delegar y no mirar atrás.

No es fácil delegar y dependerá de tu seguridad en ti misma, de querer renunciar a esa sensación de dominar la situación, ese pensar en «yo he organizado todo en esta casa» o «yo sé donde está todo», «yo sé cuando hay que llevar a los niños al médico» y un sinfín de cosas más que solo sabemos nosotras. Tenemos la obligación de reciclar a los hombres para que compartan la carga mental, y está muy bien descrito en el artículo.

En mi caso la seguridad en mi misma ha sido importante, de hecho recuerdo situaciones de mi infancia que me llevaron a desarrollar inseguridad y como consecuencia una gran autoexigencia. Recuerdo que hice un dibujo para presentar en la clase de Ciencias, era pequeña, ni siquiera adolescente, el dibujo era de un corazón con las arterias y venas y todo lo que le rodea, lo hice con muchos detalles, indicando cada una de las partes del sistema circulatorio, estaba muy orgullosa, pero cuando se lo enseñe a mi padre, a él no le gusto, dijo que no estaba muy bien, que mi letra era fea, y siempre hubo críticas en mi infancia de ese tipo. Recuerdo mi frustración, yo creo que mi necesidad de hacer algo bien viene de ahí, el no saber nunca si lo que hago, lo hago bien o mal. La solución ante esa duda fue la autoexigencia. Exigiéndome al máximo tenía más probabilidades de llegar a hacer algo bien alguna vez en la vida. Y eso llevado a la vida de adulta supuso asumir la carga mental como una posesa, pero sin darme cuenta, de forma inconsciente.

Hay muchos retos importantes en la vida familiar donde las mujeres asumimos responsabilidades en modo «carga mental» con más preocupación que los hombres porque todo salga bien, y esto solo se desmonta si a las mujeres nos deja de importar la supervisión social patriarcal. Si nos da igual dejaremos de autoexigirnos y dejaremos de tener ese miedo al fracaso, ese fracaso que no se nos está permitido, porque si fracasamos nos van a juzgar y ya sabemos cómo nos juzgan, y después de eso viene la inseguridad en nosotras mismas.

Necesitamos otro modelo social, tal vez sin la familia tal y como está diseñada sino de una manera más abierta, donde no se nos juzgue provocando baja autoestima. Pero para conseguir la igualdad real hay que desmontar el sistema, porque el que tenemos está basado y sostenido por la desigualdad.

Dora y Álex.

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