Ser mujer, superheroínas y supervivientes

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Siempre me ha parecido heroico ser mujer.

Por todas las mujeres que dan vida a nuestra historia y por todas las mujeres que he conocido que se han cruzado en mi vida.

Y por lo que me ha tocado vivir, como mujer.

Podemos ser un bicho raro y sufrir de la soledad desde niñas. Y sentirnos menos, siempre menos que los demás. Y pequeñas.

Pasar una adolescencia tapándonos y escondiéndonos con un gran complejo hacia nosotras mismas. Hasta odiarnos…

Sufrir con la regla hasta desmayarnos y tener que pasar por esa agonía crónica cada mes. Ser cíclica y tener endometriosis incluye una depresión al mes. Al final cuesta no pensar que una está loca, es como subirse a una montaña rusa de las emociones y no poder bajar, nunca, hasta volvernos locas.

Podemos no entender nuestro propio cuerpo, nuestra sexualidad, sentir que abusan de nosotras y pensar que somos el problema. Cuando el problema está fuera, en un abuso ahogado, olvidado y sellado en nuestro inconsciente.

Desear ser madre hasta la muerte y volvernos obsesionadas, incomprendidas y egoístas con la insoportable incertidumbre que tiene la fertilidad.

Después de años de espera y angustia de no saber, llega todo, embarazo psicológico, tratamiento de fertilidad, aborto, embarazo de riesgo, cesárea, parto traumático…

Y llega el bebé, tan esperado, tan milagroso, y no se nos valora una mierda, se pone en juego nuestra vida laboral cuando estamos creando y educando el futuro, joder, alguien lo tendrá que hacer,¿no?

A todo esto, se suma que una no se quiere, se siente culpable y además quiere ser perfecta.

Jodido, ¿no?

No sabemos quién coño somos…

Así que nos apegamos a la pareja como si fuese nuestro gran príncipe de mierda, nuestro salvador y nos lo acabamos cargando.

Rompemos con nuestra familia, con nuestros padres, con nuestras madres que tanto hemos amado. Porque cuando somos madres lo vemos todo con otros ojos y necesitamos volver a nacer… empezar a ser nosotras, y no un proyecto de…

De repente entendemos todo, vemos nuestra vida desde fuera y todo lo inconsciente se vuelve consciente.

Nuestra gran falta de amor hacia nosotras mismas, y nuestra gran necesidad de amor hacia quien sea, estalla.

Estallamos, rompemos, gritamos, nos liberamos y renacemos. Volamos…

Puede ser que lleguemos a los 40 para darnos cuenta, pero nunca es tarde, nunca.

Nunca es tarde para desapegarnos, no perdonar, acusar, ladrar y morder.

Ser por fin nosotras, dueñas de nuestras vidas.

Amar nuestra regla, nuestro cuerpo, escuchar y respetar nuestros cambios. Permitirnos decir no y quiero.

Sentir nuestra sexualidad, nuestra.

Ser una madre imperfecta, como todas, pero donde el amor y el respeto se unen. Disfrutar viendo crecer a nuestros hijos como seres únicos, diferentes a nosotros y libres de nosotros, padres y madres. Y decir:¿Situación laboral? Soy madre y ese es mi trabajo, educo a seres humanos, trabajo por el futuro.

Aprender a convivir y a transformar nuestro sentimiento tan innato de culpa. Aceptar, escuchar, respetar.

Escucharnos y descubrirnos y darnos la oportunidad de existir.

Escribir nuestra propia historia. Construir y crear una familia nueva, y nuestra, junto con nuestra pareja.

Amarse ante todo, siempre; y no olvidarse de una misma, nunca.

Nunca dejes de luchar, de ser tú, y nunca olvides a todas las mujeres que lo hicieron a lo largo de la historia.

No estás sola.

Leonor.

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